LUCAS COLMAN


Alabo el gusto y la deferencia del señor Lucas Colman por el esfuerzo titánico que está realizando en separar las costillas, que bien pueden ser las de Adán y Eva o las de él mismo, para que nos refugiemos; al menos hasta que acabe la tormenta. Ojalá el aguacero no cese nunca, Lucas, y tengas a miles de fieles aceptando tu ofrenda de techo y piel, quedando a la intemperie los ojos que miran pero no ven, los rugidos de corazones insomnes y las tardes de mayo en las que nunca anochece.

 

Lucas, compadre, sigue desafiando al huracán que te quiere robar los zapatos y que benévolas sean la hipotermia y las fiebres que han de venir junto al escalofrío, que deseo fervientemente que tan sólo sea de miedo. Escuchándote como se escucha a los enfermos, siento que para ti, tal que para mí, todos los vendavales son desconocidos y afirmo que las palabras tal vez sean nuestro peor y más incansable enemigo; pero son lo único que tenemos. Escuchando tu paladear sé que puedes resistirlo todo menos la tentación. Sopla sobre esos desiertos verticales, amigo, estoy convencido de que los aeropuertos te serán urgentes. Aunque también sé que eso a ti te da igual: vas con el viento. Buen viaje.

 

Página Oficial Lucas Colman